Una Policía que nos cuide

Como parte de la campaña NoCopio y de la plataforma continental Instinto de Vida y con los recursos técnicos que tenemos como centro de estudios en Casa de las Estrategias, diseñamos la base y varios ajustes del Protocolo Nada Justifica el Homicidio. El Protocolo es un procedimiento institucional y pequeño fondo que adoptó la Alcaldía de Medellín el 15 de agosto de 2017 para poder proteger a víctimas potenciales de homicidio.

En ese camino nos encontramos que la Policía puede evitar homicidios y esto es algo simple a lo que no le damos importancia cotidiana, que no sale en los medios de comunicación, que no se transmite en la tamir. Calculamos que el 60% de los Policías en Medellín salvan o intentan salvar vidas (1) , hay historias muy valiosas sobre esto.

Pero en el 40% empiezan a aparecer asuntos que son sumamente importantes de abordar y tiene que ver con la víctima promedio de homicidio en toda Latinoamérica: un joven pobre. Hay una desconexión profunda entre los policías (y no digo los y las policías porque esto es un asunto de choque normalmente entre policías jóvenes barones y jóvenes pobres barones) y los jóvenes pobres de Medellín. Esta desconexión la hereda la Policía de la sociedad en general, de gobernantes y políticos. Una sociedad tremendamente adultocéntrica que termina en el mejor de los casos teorizando sobre cómo es y qué quiere un joven pobre de Medellín.

En un estudio etnográfico en alianza con la Policía (2) encontramos que un importante número de policías piensan que los jóvenes que no les piden ayuda son criminales y que cuando no se puede evitar un homicidio de un joven es porque este no quiere cambiar. Cuando vamos y les preguntamos simplemente a muchachos de noveno y de décimo de colegios en una zona de histórica influencia de una banda criminal nos dicen que si alguien está amenazado de homicidios no hay nada que hacer, va a ser asesinado. Se interiorizó un poder mafioso muy grande sobre la vida de los jóvenes pobres en la periferia de Medellín (3). Toca muchas veces avanzar un poco en un grupo focal para que los jóvenes nos digan que lo que le recomendarían a un amigo amenazado es que se vaya del barrio, toca insistir y preguntar qué más y nos dice que hablar con “los de la vuelta”. En más de la mitad de los casos toca preguntar directamente por la Policía como una forma de evitar un homicidio. Tenemos un problema enorme y es que un adolescente pobre de Medellín está convencido que él no puede ser protegido por la Policía (4) .

¿Cómo la percepción del adolescente pobre es complementaria a la del patrullero? Lo que estamos viendo es que las percepciones de los dos se validan mutuamente: yo no ayudo a este muchacho porque no quiere cambiar o porque no es receptivo con la Policía, yo no pido ayuda a este Policía porque sencillamente no está para cuidarme a mí. Lo importante acá es que para acabar el homicidio del repertorio necesitamos que este sea costoso, impensable e innecesario y entonces tenemos que encontrar una nueva forma de relacionarnos con la población víctima de homicidios, nuevos canales de comunicación y una nueva presencia en su cotidianidad -siempre con miras a un logro focal de confianza-.

Por esta vía estamos seguros le vamos a quitar al crimen cualquier noción de seguridad, de resolver una vulnerabilidad, hay que desnudar al crimen como generador de vulneración y nunca el que la resuelve. Lo esencial, por donde hay que empezar es que nunca pueda decidir qué joven pobre muere. La cultura desde sus referentes sociales, empresariales y estatales cerrando filas con que el único equivocado es el homicida y que no hay víctimas de primer y de segundo nivel y un Policía demostrado que nada justifica el homicidio porque está dispuesto a todo lo institucional posible para evitar el asesinato de alguien.

Queremos una Policía para caminar el camino largo de dejar a una mafia sin base social protegiendo a los más excluidos, recuperando dinámicas institucionales y sociales allí para los jóvenes y adolescentes que han sido la carne de cañón. Esperamos que hoy comience una reflexión para acompañar una evolución de la Policía para la siguiente reducción de homicidios, que seguro se trata de una estrategia de consolidación de microespacios cotidianos y tiene que desarrollar una nueva filosofía del cuidado que no es más que una táctica de autoridad que le arrebate la legitimidad a lo mafioso enquistado en las mismas dos cuadras durante una larga historia en Medellín.

Para eso suscribimos una política pública que se circunscriba en el cuidado y no en el enemigo porque eso también es estar por encima del crimen y no igualarse. Repetimos cuidado y empezamos a hablar de un doble cuidado, de una Policía que evolucione para el cuidado y nosotros como sociedad para el cuidador. Evolucionar o ponernos las pilas esas partes de la sociedad civil -a veces tan desconectados como el empresariado o tan a destiempo como la academia o las ONG’s-.

Necesitamos del cuidado del cuidador. Queremos generar un círculo o una ecuación virtuosa, para romper ese riesgo que se puede volver crisis, ese estancamiento que se puede volver deterioro grave: Dar una discusión legislativa que lleve a conquistas tangibles sobre el bienestar de los y las policías, no podemos tener a policías que ven destrozado su hogar por no ver a su pareja y a sus hijos e hijas, no podemos tener policías 20 horas en la calle, no podemos tener oficiales arbitrarios y maltratadores; así podremos exigir un servicio civil impecable donde nunca haya exceso de fuerza y ningún tipo de humillación para la ciudadanía…Esa ciudadanía que siempre queremos recordar que también son: pelados y peladas pobres de la periferia de Medellín.

Por último, en esa ecuación -después del bienestar, después del cuidado democrático del policía de los moradores, tendremos a una Policía con miembros orgullosos, reconocida, con la confianza de los vecindarios también más pobres -donde descubriran a los vecinos más dignos también-. Estamos acá reunidos porque pensamos que todavía hay mucho que cuidar de la institución de la Policía, porque estamos a tiempo, porque este es el momento. Tenemos que lograr la siguiente meta de reducción de homicidios -donde volvamos a ser con laboratorio para Latinoamérica, esta vez con la Policía-. Queremos hacerlo no desde una columna de opinión, o desde un artículo académico o un foro, sino desde un comité consultivo que también resuelva algo que se nos volvió normal: la soledad de la Policía. Ustedes señores y señoras de la Policía también son parte de nosotros, un cuerpo civil, y nosotros estamos listos, estamos acá; empecemos a caminar juntos.


1 Casa de las Estrategias (2017). Policías de Medellín frente al homicidio. Working paper.
2 Casa de las Estrategias (2017). Policías de Medellín frente al homicidio. Working paper.
3 Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.
4 Casa de las Estrategias (2017). Adolescentes y vulnerabilidades en su socialización y posibilidades espaciales. Working paper.

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