Instinto de Vida en Medellín (8)

La mera y palpitante duda de si prefiero matar o morir me hace tener mil cosas que hacer antes de matar o morir: hablar, callar, huir, esconderme, quedarme quieto, inmovilizar, incapacitar o herir.

La mera y palpitante duda de si prefiero matar o morir me hace vencer la venganza con una gran agonía.

Sólo venciendo la emoción de venganza se puede hablar de justicia, porque el mejor estadio filosófico de la justicia es ampliando el nosotros. A veces tenemos la oportunidad de sentir cómo estamos todos conectados en algo redondo, en algo vivo, y nos damos cuenta que tenemos que lograrlo juntos, ser libres con los otros.

A mis 5 años mataron al hermano de mi abuela por no pagar una extorsión, yo estaba junto a mi abuela cuando recibió la noticia, a mis 17 años mataron a mi mejor amigo de 19 años. Cayó también cuando fueron a matar a un familiar -que tuvo un enredo con dineros calientes-. Luego viví muchos homicidios como investigador social, como ciudadano, como parte de colectivos.

Aún hoy siento rabia con los asesinos de mi mejor amigo, sentí que me eliminaron toda una vida, una vida que iba a vivir con él. El odio me duró dos o tres años, ya estoy seguro que no lo tengo.

Sentimos rabia, sentimos miedo, sentimos odio y no nos quedamos ahí.

Me ha hecho entender la siembra que hay cosas irreversibles pero que sembrar -como inspirar y como amar- es mejor para que no vuelva a ocurrir.

No sabemos cómo revivir pero sabemos cómo renacer.

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