No Copio (Casa de las Estrategias)

Después de la muerte de Pablo Escobar en 1993, de la Operación Orión en el 2002 y el desarrollo de la desmovilización y reinserción de efectivos paramilitares del Bloque Cacique Nutibara y Héroes de Granada en el 2006 no solucionamos nuestra violencia.

¿Qué pasó luego? Ya ni recordamos el nombre de lo siguiente: ¿Oficina de Envigado? ¿Urabeños? Por un lado somos espectadores de una realidad que nos van armando –y luego algunos se ofenden que se novele (se telenovele)– y por otro lado sufrimos sin las palabras justas, entramos en apatía, olvidamos.

En Medellín sigue habiendo mucho miedo. Incluso hay un optimismo ligado al miedo. Pero la gente es bonita en cualquier lugar: nos equivocamos pero cambiamos a diario y se nos puede llamar para nuevas cosas. ¿Quién sabe que tan profundos son nuestros dolores? Dolores que ni recordamos.

Uno comprende lo que hicimos, lo que hizo Medellín. “Las cosas cambiaron”, nos dijimos muchas veces; “se están matando entre ellos”, decimos cada tanto; “aquí hace rato no pasa nada malo”, decimos en el vecindario después de un par de meses en que “los pillos” bajaron el perfil.

Fuimos optimistas pero para serlo tuvimos que renunciar a la solidaridad y la simpatía: las cosas malas les pasaban a otros. Fuimos facilistas y hasta sicóticos con los tiempos y tolerantes con las injusticias. No supimos separar nuestro ánimo optimista de la insensibilidad, de la anestesia, del egoísmo. Y así no estamos bien.

Yo propongo volver a tener miedo, el miedo real y no el miedo al miedo, el miedo sin mediación: mamífero, afectivo, en el cuerpo, con los ojos, con el presente y no con el futuro o el pasado.

Volver a tener miedo es darle su lugar y no traducirlo en una perdida del alma social. Hoy tenemos el miedo enquistado en un lugar al que no tenemos acceso y también nebuloso. Darle lugar al miedo es simplificarlo en su relación con un mecanismo: el homicidio.

El homicidio es el principal mecanismo de la injusticia. El homicidio es el recurso sin argumentos. El homicida no tiene recursos o se quedó sin recursos, por lo tanto es básico y poco sofisticado y tiene poco valor y cualidades.

Si volvemos a comprender lo injusto habremos devuelto el miedo a su lugar: a la anomalía, a la extrañeza, a lo anormal; tendremos miedo a algo externo.

Casa de Las Estratregias

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