Guillermo Adrián y Carlos Humberto

 

Carlos y Guillermo son de todos

En la ciudad más aniquiladora donde hemos olvidado el valor de la vida, valiosa para todo ser vivo. La pregunta no es por qué murieron, si no por qué vivieron. ALERTA MEDELLIN ESTAMOS EN DUELO… Alerta país.

Nuestros padres nos enseñaron el sentido de humanidad y país. La dignidad y la vida son elementos transversales a cualquier ser humano.

Guillermo Adrián de 27 años de edad, el menor de 4 hermanos, ahorró dinero desde el primer día que inició su vida laboral para cumplir su gran sueño, “comprar un terrenito o un apartamento donde acomodar a su viejita”, era el hombre más noble, sencillo, responsable, tímido y callado, con una sonrisa que lo decía todo y un pelo rojo que lo hacía diferente, creció convirtiéndose en un hombre musculoso, lleno de vida y muy valiente que solo veía por los ojos de su madre.

Su hermano Carlos Humberto, independiente desde pequeño, el mayor y quien sacó su familia adelante trabajando desde los 12 años de edad, padre de 6 hijos, abuelo de una pequeña niña y un bebé que no alcanzará a conocer, con 44 años de edad deja a una esposa que solo grita ¿Por qué te fuiste Carlos? y a una madre que no sabe a cuál de sus hijos llorar más. Carlos, era un hombre que soñaba con la política distinta, líder, muy soñador y con una sonrisa que sacaba hasta en los peores momentos.

Estos dos hombres, al igual que miles de víctimas de la violencia en Colombia dejaron de brillar a causa de una muerte cruel, dice la prensa que los torturaron, envolvieron sus caras en papel chicle y los amarraron, su madre dice que Carlos vio morir a Adrián y que luego murió él porque mientras los buscábamos ella prendió dos velitas y la que primero se consumió fue la de Adrián.

Todo ocurrió el día 13 de diciembre a la 1:00 pm cuando estos dos hombres salieron a buscar ese terreno que cumpliría el sueño tan anhelado de Adrián, fueron al sector de la Gabriela, donde alguien les dijo que allí estaban vendiendo terrenos; unos hombres desconocidos los secuestraron, llamaron a su madre y la alertaron diciéndole “ya los vamos a soltar”, pero llegó el otro día y ellos nunca llegaron a casa, al visitar hospitales y medicina legal nos dimos cuenta que la noche anterior a las 11 de la noche hicieron el levantamiento de dos hombres en el barrio Navarra y en ese momento sospechamos que eran ellos y en la tarde fue confirmado, los asesinaron de manera cruel, inhumana e injusta porque eran dos hombres buenos a quienes les arrebataron sus pertenencias, su dignidad, su libertad y sus sueños.

Hoy esperamos que sus muertes no queden impunes y que esta experiencia como muchas otras que ocurren diariamente, permitan que algún día la compasión y la tranquilidad vuelva a esta ciudad heredera de la cultura narcotraficante, mafiosa, corrupta y despiadada que hemos naturalizado.

Les damos un adiós con la esperanza de que estaremos de nuevo juntos celebrando de cada diciembre y soñando con un nuevo amanecer. Los amamos con todas nuestras fuerzas, los recordaremos como los grandes hombres que fueron… los amamos, los amamos, los amamos mis hermanos, mis compañeros, mis cómplices…

 

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