Desprivatizar los muertos

Lección de una escuela

Una tira de papel que trata de sopesarse con otra de profesionales destacados, llena de tristeza. La tira de papel escrita por estudiantes de bachillerato es la de sus compañeros asesinados en los últimos 10 años.

20 estudiantes asesinados fueron conmemorados en los 30 años de la Institución Educativa Eduardo Santos. El rector me dice que falta por hacer la memoria de 2002–2006. Esta es una memoria de los últimos 10 años en la Comuna 13, barrios Eduardo Santos y el Salado; antes del 2002 parece que las tragedias sobrepasaban la contabilidad.

¿Un colegio tiene que pasar por tanto dolor? ¿La caligrafía de nuestros adolescentes se tiene que ensayar en estas listas?

Luego también me doy cuenta que esta lista encierra un extraño consuelo.

Salir de la anestesia de la indiferencia es duro. Conocemos las cifras, hemos estado cerca de la mayoría de homicidios en el Eduardo Santos y sin embargo hemos necesitado que se nos olvide, distraer el pensamiento.

Los muertos ya estaban. Éramos conscientes y sufrimos el último de ellos –Mateo. Lo que hace la lista es acoger a sus muertos, sacarlos del paisaje y trabajar con cientos de muchachos y muchachas el nuevo correlato de que cada uno de esos nombres es un dolor infinito, una sociedad destruida, una civilización perdida.

Esa lista tan larga enseña que podemos salir del aturdimiento y desprivatizar los muertos.

Nadie nos sobra. Cada muchacho asesinado en esta ciudad es de todos.

Por eso #NoCopio

 

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